Defensa de Madrid

Más a cuento habría venido esta entrada el 2 de Mayo, pero recién pasadas las fiestas de San Isidro me han entrado ganas de dedicarle un ¡olé! a mi Madrid querido. A sus calles y sus plazas, al vermú de grifo y al cocido madrileño, a su discreción en sus festejos, y a lo castizo, con mucha honra. Para folklore tímido pero a la vez exaltado, los chotis madrileños y sus letras disfrutonas: El himno por excelencia a cantar en cualquier momento. Y sí, es Lola Flores cantando un chotis, a pesar de que mi madre se sorprenda cada vez que lo comento.

¡LA QUE QUIERA COGER PECES QUE SE MOJE EL TRALARÁ! Con esta frase mítica de La chica del 17 inauguramos la comida de San Isidro el pasado 15 de Mayo en casa de Cecilia, que acabó, como manda la tradición, en las vistillas. Y no pudo haber cosa más castiza que el concurso de talentos llamado “Tú si que Chotis”, el 12 de Mayo por la tarde. Eso sí que es sinvergonzonería para poner un nombre. ¡Toma ya! Y además oficiado por Olga María Ramos, estrella del Chotis internacional. Aquí otra versión de Madrid, esta vez cantado por ella. El vídeo es un despropósito, pero nótese el maravilloso juego de voces del minuto 1:30 en adelante.

Pero claro, qué van a decir los madrileños de Madrid, más que cosas buenas. Por eso copio dos párrafos de Ernest Hemingway extraídos de Muerte en la tarde en los que plasma su adoración por la ciudad y que me llegaron al corazón.

“Madrid, en cualquier caso, es un sitio curioso. No creo que llegue a gustarle a nadie cuando se va por primera vez. No tiene la catadura que uno espera que va a tener España. No es pintoresco. Es más moderno que pintoresco, no hay trajes regionales, no hay sombreros cordobeses, como no sea en la cabeza de algunos chalados, no hay castañuelas ni esa repugnante farsa de las cuevas de gitanos de Granada, por ejemplo. No hay en la ciudad un solo lugar de color local para los turistas. Y sin embargo, cuando se conoce Madrid, es la ciudad más simpática, y, un mes con otro, la de mejor clima del mundo. Las otras grandes ciudades son todas grandes ciudades típicas de provincias, andaluzas, o catalanas, o vascas o aragonesas o de cualquier otra provincia. Y la esencia, cuando realmente es la esencia, puede estar contenida en una botella de vidrio ordinario, no hacen falta etiquetas fantásticas; no hacen falta en Madrid trajes folklóricos. Cualquier clase de edificio que se construya, incluso aunque se parezca enormemente a los que se construyeron en Buenos Aires, cuando se le ve encuadrado en ese cielo de Madrid se sabe que uno está en Madrid. Y aunque Madrid no tuviera más que su Museo del Prado, valdría la pena ir a pasar allí un mes todas las primaveras si no tiene dinero suficiente para pasarse un mes en una ciudad europea. Pero cuando se puede tener al mismo tiempo el Prado y los toros, con El Escorial a dos horas apenas al Norte y Toledo al Sur, con una buena carretera que os llevará a Ávila y una buena carretera que os llevará a Segovia, y a un paso de Segovia, La Granja, se experimenta una pena muy grande pensando que, al margen del problema de la inmortalidad, será preciso morirse algún día y no volverlo a ver.”

Esa última frase es verdaderamente épica, a mi casi me salta la lagrimilla. ¡Olé por Ernesto! ¿a qué dan ganas de salir a festejar Madrid?

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