La Manic Pixie Dream Girl y el amor cortés

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Manic Pixie Dream Girl es un término acuñado allá en 2007 por el crítico de cine Nathan Rabinque describe este tipo de chica como una “criatura burbujeante, superficial y cinematográfica cuya única misión en la vida es enseñar a jóvenes tristes y pensativos a abrazar la vida y sus misterios infinitos y aventuras”. La apropiada aparición del término no hace sino señalar un ejemplo más entre los muchos estereotipos de mujeres ya existentes en la historia del cine. Desde las que salen mejor paradas, como las mujeres fatales del cine negro; a las peor paradas, aquellas sedientas de amor y desprecio masculino que pueblan el western clásico. Las Manic Pixie Dream Girl sólo existen en la imaginación de los hombres, pero gracias al cine cobran vida; del mismo modo que Ruby Sparks, la última MPDGaparece de la nada a medida que Calvin -su creador/imaginador- escribe sobre ella. Una metáfora más explícita, imposible.

La mayoría de las veces la única función de las MPDG es hacer que ellos despierten de su languidez crónica y se lancen a la vida. Son una especie de procurador de felicidad en forma de pasión, de afán de superación y optimismo. En general, les invitan con sus maneras excéntricas a continuar su camino y perseguir sus sueños, dejándolas a un lado del maravilloso camino que les queda por recorrer. No son compañeras, no comparten objetivos ni sueños, sólo orbitan durante un corto periodo de tiempo en torno al deseo y la fascinación de ellos, hasta que estos son capaces de avanzar por sí mismos. Hombres tristes, raros, solitarios, tímidos, cobardes, que en realidad adolecen de los rasgos maniquéos de lo que me atrevo acuñar como “síndrome Michael Cera“, que empieza a asomar la cabeza en Juno y se confirma descaradamente en Youth in revolt -pero dejemos este estereotipo masculino para otro artículo, que da para reflexionar largo y tendido-. Estos chicos sufren, no lo vamos a negar. Sufren porque llega el momento en que se hace palpable la distancia entre su ideal y la realidad. Pero este momento llega cuando están preparados para abandonar el nido, ese hueco mullido entre los pechos de su MPDG. Ahí, la chica hace su salida y deja en libertad a un hombre renovado. Valgan los ejemplos: Calvin (Paul Dano) en Ruby Sparks, decidido a amar por fin sin comportamientos enfermizos; Tom (Joseph Gordon-Levitt) en 500 días juntos se lanza a comenzar su carrera como arquitecto o Paul (George Peppard) en Desayuno con diamantes, de repente colmado de inspiración para seguir con su escritura. Todo ello gracias a ellas, Ruby Sparks (Zoe Kazan), Summer (Zooey Deschanel) o Holly Golightly (Audrey Hepburn), la combinación perfecta de musa/objeto que permite al hombre liberar sus verdaderos impulsos creativos.

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La ideología del amor cortés apunta expresamente la exaltación ideal de la mujer como cosa/objeto deseado. Pero en realidad esta mujer es un fantasma masculino. Como objeto ideal funciona como un espejo en el que el sujeto proyecta su ideal narcisista. Igual que un artista imagina su modelo, la mujer aparece no como es, si no como llena el sueño de él. Tal es el modo en que aparece la MPDG en las películas, llenando de color y optimismo la vida de ellos. Igual que la Dama del amor cortés llenaba de fantasías y poemas de amor el ocio de los aristócratas, la MPDG cierra como por azar todos los vacíos del alma atormentada del protagonista.

Hay algunas listas de Manic Pixie Dream Girls históricas. Hay quien nombra a Sam (Natalie Portman) en Algo en común como la MPDG por excelencia, que aparece en una consulta del médico para hacer de la vida un lugar mejor. Catherine (Jeanne Moreau) en Jules et Jim es a veces nombrada como MPDG y no estoy en absoluto de acuerdo; Catherine es una mujer independiente, que sabe cuales son sus objetivos, que se los transmite a los hombres que la rodean y estos la admiran por lo que es, una mujer fuerte. Y en general, la vida de ellos acaba complicándose cada vez más y ni de lejos llenándose de brillantina y fuegos artificiales -aunque a veces les amenice cantando desde su mecedora-. Por otro lado, hay quien se pregunta si Clementine (Kate Winslet) en Olvídate de mí  puede entrar dentro del saco, ya que ella sí que da muestras de tener una vida interior más allá de si canta al son de Belle & Sebastian o de The Shins. Y, sin duda, mi MPDG favorita es Maude (Ruth Gordon) de Harold & Maude, a sus setenta años se propone conseguir que Harold salga de su depresiva y gris rutina de rarito y empiece a disfrutar de la larga vida que tiene por delante. Todo lo que hace ella es para abrirle los ojos a Harold, y quizá por eso es una MPDG a conciencia.

Por supuesto que las MPDG tienen historia, tienen vida interior, lloran y se tiran pedos. Simplemente nosotros no las vemos. Como personajes, siempre felices, son maravillosos. Pero eso son, un personaje, no una mujer real. La aparición de la Manic Pixie Dream Girl como figura femenina en las relaciones hombre-mujer en el cine, tiene la misma consecuencia que la Dama en el amor cortés clásico: la desaparición de la mujer de carne y hueso con sus sueños, preocupaciones y objetivos vitales, para ser sustituida por una proyección narcisista del hombre.

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2 thoughts on “La Manic Pixie Dream Girl y el amor cortés

  1. Hola Violeta.

    A veces, pienso que Summer no es una MPDG como las demás. (500) of Summer me gusta bastante porque refleja la idiotez masculina frente a una mujer que él mismo ha construido, pero dejando claro que es él y solo él quien se ha montado la película en su cabeza. Así, con ese montaje tan espectacular, el personaje de Gordon-Levitt (y el espectador) se da cuenta de que ha sido un zopenco todo el rato y que todo está en su cabecita. Es una película de macho porque la historia es solo la del personaje masculino, pero el personaje femenino tiene más dimensiones: se enfada, no quiere nada serio, el chico… y esto queda explícito en la película. Ella no es un personaje mal construido, sino el personaje que el chico ha construido. Al final, él “despierta” gracias a ella, sí, pero Deschanel es más (o diferente) de lo que Gordon-Levitt creía (y deseaba).

    Decía arriba que me gusta bastante la película, pero el final me mata siempre. Después de darse cuenta de que se inventó a una mujer que no existía… va y se prepara para “la siguiente”, a la que conoce en la entrevista de trabajo. ¡Ojalá un personaje masculino que aprendiese de sus errores!

    • Estoy totalmente de acuerdo. Tanto Summer como Ruby Sparks son MPDG, pero con muchos matices. Aunque sí que creo que durante toda la película Summer es la MPDG de Tom, pero hasta de modo caricaturesco. No es hasta el final donde ya se descubre que sólo existía tal chica en la imaginación de él y que no se corresponde con la mujer real. Me parece que las dos películas hacen una especie de reflexión en torno a estas chicas ideales/imaginarias. Me gustan.

      ¡Un beso, Víctor!

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