Buscando a John Fahey

Y aquella noche escuché a Bill Monroe.
¡Dios!
No estás a salvo en ninguna parte.
No del bluegrass.
No.
Era un sonido horrible, enloquecido. Me volví loco, perdí la chaveta. Era lo más repugnante que había escuchado nunca. Era un ataque terrorista revolucionario a mi sistema nervioso a través de la estética.

Era más negro que el disco más negro que había escuchado.
Me mutiló. Me tiró del sofá. Tenía la boca abierta y los ojos expandidos. Me encontré a mí mismo.
Nada fue lo mismo desde entonces.
He enloquecido.

John Fahey

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Tenía 15 años y el bluegrass de Bill Monroe destrozó su vida. Aún jugaba con los chicos del barrio en Takoma, Maryland cuando sintió que su futuro estaba inevitablemente ligado a una guitarra. Así pareció cargar con ese don transitando disco tras disco por todo tipo de géneros, desde danzas fúnebres y valses militares a villancicos, recorriéndolos con la maestría de sus dedos. Punteos enraizados en el blues y el folk tradicional americano que ponían los pelos de punta a burgueses con monóculo. John, despeinado, se sonaba los mocos en pleno auditorio y  daba rienda suelta a su alter ego musical al que el público y fans siempre perdonaban los pecados: Blind Joe Death, que firmó su primer disco y le acompañó hasta el imprescindible y ya clásico The Transfiguration of  Blind Joe Death (1965). Con Red Cross (2003) demostró que su don no se acababa en lo tradicional y se cambió a la guitarra eléctrica.

Ayer hace 12 años, el 22 de febrero de 2001 John Fahey muere y deja detrás su leyenda. Pero no fue el único hombre pegado a su guitarra. Muchos le precedieron y le sucederán, pero a mí me tira lo de aquí, lo que puedo tocar, lo instantáneo, lo presente. Y entre la amalgama de propuestas de la escena independiente nacional he encontrado dos joyas que me han tocado la fibra sensible.

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Negro, que con su nombre lo deja claro, acaba de anunciar las fechas de presentación de su segundo disco (y yo sin saber que había un primero). Pedales y guitarra eléctrica, control exquisito de los efectos, vanguardia y psicodelia, pero sin olvidarse de lo que es tocar de verdad una guitarra; con todos sus trastes y sus cuerdas. Sólo he encontrado y escuchado dos canciones suyas, eso sí, unas cien veces. No veo el momento de tener Formación del espíritu nacional entre mis manos. El 5 de abril estará en Madrid tocando en el nasti.

Carnisaur, un tesoro escondido. Con un único miembro, Miki, una de esas personas que en directo pierden la mirada y son poseídos por alguna fuerza sobrenatural; da miedo. En este proyecto mezcla su pasión por John Fahey en tiernas melodías punteadas, y la rabia y potencia desatadas de su vertiente más no-wave (esos Chien!), distorsión, griterío y arritmia.

Me gustan porque hacen nuevo lo que era viejo y lo sientes tuyo, con raíces, primitivo, sencillo y sincero.

Un adolescente aburrido



Un adolescente aburrido
es, ciertamente, un paisaje
muy triste,
y aún más
sabiendo que hay mujeres
que duermen
con la boca abierta
y docenas de parejas
que hacen el amor
en chino, francés, árabe
o en el idioma
de los delfines.
Por eso hay tantas butacas
en los cines
y tantas camas en las casas. 



Y es que la inteligencia
es erótica
y el arte perfecto
el orgasmo.



Félix Francisco Casanova



A pesar de que Félix Francisco Casanova (joven poeta olvidado por todas las bibliotecas y librerías que hasta ahora he ido consultando) diga que un adolescente aburrido es un paisaje muy triste debido a su falta de sexo y mujeres me interesan más las ideas de Andy Warhol respecto a la adolescencia y el sexo.

Durante la adolescencia empiezas a ser consciente de las oportunidades que se abren ante ti. Las primeras elecciones que has de hacer respecto tu futuro, primeras salidas de fiesta, primeras borracheras, primeros acercamientos al sexo… comienza poco a poco tu autonomía, aunque a menudo no económica (que se retrasa mucho más allá de haber superado la adolescencia), sí intelectual. Y comienzan las fantasías sobre el futuro y sobre el SEXO. En mayúsculas. Y en negrita y subrayada: SEXO. Respecto a ellas Warhol opina que son la mejor parte y más entretenida del sexo. También Woody Allen decía que el tiempo pasa rápido cuando eres joven y te masturbas. Warhol propone descubrir el sexo a los cuarenta y pasarlo en grande imaginando durante cuarenta años, porque es mucho más interesante en el cine y entre las páginas que en la realidad.

Sin embargo, lo que me resulta más interesante de lo que dice Andy Warhol, lo toma de una idea de Truman Capote, quien opina que determinados comportamientos sexuales conllevan nostalgia. El sexo es nostalgia de cuando lo deseabas, a veces. El sexo es nostalgia del sexo. Me pregunto cuántos jóvenes aún tienen sexo sin que les apetezca especialmente (lo cual no es tan difícil como parece), sólo por complacer al adolescente que llevaron dentro. Aquel que tanto se entretuvo, o se aburrió, según Casanova, repasando mentalmente mil y un formas imaginadas de sexo.

Warhol idealiza una época pasada, en contraste con un presente no demasiado seductor. Pero ¿no es acaso eso la nostalgia? Recordar tiempos que en su momento fueron malos, como excitantes y llenos de ilusión. La nostalgia es un arma de doble filo, una engañifa. Por eso yo me quedo con el futuro, con las fantasías previas a cualquier acontecimiento, los proyectos y los planes imposibles. Supongo que afirmo esto cegada por la nostalgia de la primera juventud, nostalgia de cuando imaginaba el futuro, o sea el presente. Y a Warhol le pasa lo mismo. ¿Pero por qué sentir nostalgia pudiendo sentir expectación? ¿Por qué tener nostalgia de un pasado en el que imaginaba mi presente? Warhol (y Astrud) tenía razón, el mejor momento de las cosas es cuando aún no han sucedido, a pesar de lo que me digan todos los adolescentes vírgenes del mundo.