Dices que no me gusta David Lynch

Nunca me he cansado de afirmar que mi película preferida de David Lynch es Una historia verdadera, con lo que la gente concluía que no me gustaba David Lynch. He de decir que las historias sobre relaciones de hermanos me fascinan en cualquiera de sus variaciones, desde Inseparables de David Cronenberg, pasando por Basket Case de Frank Hennenloter a las hermanas Bennet o Dashwood en las novelas de Jane Austen. Además Una historia verdadera siempre ha tenido para mí un atractivo que no tenían el resto de películas de Lynch. Si estas no me sedujeron fue debido a su homogeneización con el resto de la producción cultural contemporánea. Me explico.

En el arte la corrupción, putrefacción, carnalidad, perturbación y asco son conceptos que se manejan en mucha de la producción artística posterior a los años 70. La Nueva carne y la figura del cuerpo posthumano a la búsqueda de una vuelta de tuerca cada vez más salvaje. También en entornos académicos las recientes teorías de género están ilustradas por la pornografía, en concreto con ejemplos sacados del postporno, una corriente pornográfica que nació en EEUU en los años 90 y que pretende salirse de la industria y “representar las sexualidades alternativas” (¿lluvia arco-iris?).

Un efecto de esta cultura que se alimenta (más bien, se engorda) del exceso en todos los territorios es la pérdida por parte de la perversión de su cualidad de subversión. Otra consecuencia lógica del abuso y posterior normalización del desvío es una progresiva anestesia de la sensibilidad a este tipo de estímulos. Yo, a pesar de que lo último que soy es inmune a los bombardeos culturales de turno o a cualquier efecto negativo que puedan provocar, no me sentí especialmente impactada por sus películas anteriores (exceptuando El hombre elefante que me hizo llorar a mares, pero esa es otra historia).  
En cambio, Una historia verdadera, aparentemente inofensiva y para toda la familia,  se encuentra enmarcada por un despliegue de pervertidos, desviaciones sexuales y comportamientos violentos cómo es la enfermiza filmografía de Lynch. Me llamó la atención justamente por estar completamente fuera de lugar. A straight story ya en su título original (y en su producción: Walt Disney) dejaba claro el cambio de registro.

Al final ha sido de nuevo Slavoj Žižek el que me ha aclarado las ideas y dado una pista sobre el origen de mi fascinación por Alvin Straight, un personaje de primeras tradicional y aferrado a unos valores aparentemente caducos. Žižek plantea que es exactamente esto lo que le hace especial ya que su férreo posicionamiento en favor de la fidelidad fraternal se alza como lo verdaderamente subversivo en un mundo posmoderno donde el compromiso ético radical es percibido como algo ridículo y trasnochado. Alvin es auténticamente extravagante en tal coyuntura. El sujeto ético se opone al sujeto posmoderno adaptado al orden existente y sosteniéndolo a base de añadir nuevas invenciones al gran saco de la perversión y caracterizado por, lo que sería la característica auténtica del sujeto posmoderno: una frialdad que persiste tras la normalización sistemática.

De este modo, el sujeto ético es el que más amenaza el orden existente, y la serie de pervertidos lyncheanos (Frank en Terciopelo Azul o Bobby Perú en Corazón Salvaje) en último término sólo lo sostienen. Para entenderlo mejor, tomemos como ejemplo el extremo enfermo de la actitud ética, el trastorno obsesivo compulsivo, que se caracteriza por la rigidez de su naturaleza moral. Mientras que la ética la definimos como el conjunto de valores y principios ideológicos que rigen el bien común y social de las personas, la moral es el orden de principios personales, en el sentido de cómo la persona se relaciona con la ética. En este caso la excesiva rigidez moral provoca que cualquier traición a la ética suponga una traición a uno mismo. En el momento en que se busque la normalización del sujeto enfermo, esta actitud ética (obsesiva) ha ser traicionada, por ejemplo, para entrar en una relación sentimental estándar o conseguir un trabajo rutinario. Se producirán por tanto conflictos o luchas entre su moral personal y la moral que impera en las amistades, la sociedad o en la propia familia. Al margen de trastornos mentales, con cualquier normalización de un sujeto se pierde la actitud ética propia y también lo que le da su atractivo como persona, se convierte en un cálido ser humano, vulgar y aburrido. En la vertiente malvada la elección ética se puede acercar en sí misma a una perversión si el Mal fuera una especie de misión para el sujeto ético, en cuyo caso, estaría más acorde con el tono mantenido actualmente por aparato cultural-económico, obligado a tolerar y promover el impacto en sus productos.

La actitud ética radical de Alvin, aferrada a la fidelidad fraternal, no es en absoluto un camino de rosas y los obstáculos que se presentan le llegan a poner en peligro de muerte, la Fidelidad es su misión. Alvin es el verdadero personaje original y poético. El contrapunto perfecto a toda una filmografía plagada de transgresiones, Alvin Straight es una renuncia a la transgresión, una renuncia a continuar con el discurso dominante.
Advertisements

Azotar antes de usar

Advertencia: Todas mis impresiones sobre Un método peligroso se deben a un exceso de expectativas y unas ideas preconcebidas de lo que es (y ha de ser) “Cronenberg”. Si se tratara de cualquier otro, es decir, de un cualquiera, incluso podría decir que me ha gustado, pero en este caso no puedo más que sentir una profunda decepción.

Se pueden presentar comportamientos y obsesiones sexuales sin aspavientos, tal y como ocurre en Crash. Y al contrario hacer del hecho más anodino y común un festival de retorcidas aventuras, que es el caso de Una historia de violencia. Esas contradicciones y vueltas de tuerca que tanto me gustan de las películas de David Cronenberg aparecen en la película que aquí nos atañe edulcoradas y simplificadas. Empezando por lo que menos me ha gustado: Keira Knightley. Su personaje se sustenta en unas cuantas muecas y en una milagrosa recuperación que parece basarse en la aceptación de su masoquismo y la superación del sentimiento de culpa. Su trastorno masoquista queda reducido a un estereotipo ridículo que no arriesga lo más mínimo, pues a nadie le sorprenden ya cuatro azotes en el trasero. Resolverlo así parece una solución demasiado sencilla, teniendo en cuenta la facilidad de Cronenberg para reflejar asuntos escabrosos y de tipo sexual desde una perspectiva, ya no realista, sino cruda, sin concesiones y sin autocensura. Aunque hay quien pueda decir que sus historias son retorcidas, no se trata de provocación gratuita, pues las imágenes que crea por más surrealistas que parezcan -pienso ahora en Inseparables o incluso en las repulsivas transformaciones de La mosca-, tienen su eco en la realidad y hacen referencia a un aspecto de la naturaleza humana que no suele ser reflejado en las películas. Por eso la falta de sutilidad de Un método peligroso me indigna.

No puedo dejar de pensar en Secretary, película que trata el masoquismo (y como su complementario también el sadismo) cómo tema principal de un modo esclarecedor, presentándolo como una tendencia sexual que afecta no sólo al momento del acto sexual, sino a todos los ámbitos de la vida. En la película de Cronenberg esto queda bien explicado por Sabina Spielrein en su primera sesión psicoanalítica, cuando explica que toda humillación, por mínima que sea, le excita. Pero está declaración se queda en agua de borrajas en el resto del metraje. Sin embargo, la escena de Secretary en la que la protagonista se masturba mirando las pequeñas correcciones que ha hecho su jefe en su texto mecanografiado es la plasmación perfecta en imágenes de lo que Sabina explica, y no hacía falta decir nada más.

Un tema que de base podría ser controvertido, se encuentra reducido a su más mínima y ramplona expresión. Se basa, por el amor de Dios, en una teoría con implicaciones psicológicas infinitamente más interesantes que el masoquismo. La excusa de que ese no es el tema principal de la película y por eso no está desarrollado, no sirve, pues no es necesario simplificar un tema secundario pudiendo insinuarlo de un modo elegante sin necesidad de profundizar. Además, igual que el trastorno de Sabina, todos los temas y líneas que recorre se van diluyendo a medida que avanza la película, la relación Jung – Sabina, la relación Jung – Freud, los polémicos inicios de la teoría psicoanalítica, el debate teórico entre Jung y Freud… sin dejar ningún poso en el espectador.

Para ahorrarme muchas otras críticas amargas sobre Viggo Mortensen como Freud o sobre el final de la película, mencionaré lo único que me ha gustado, y es como parece que la construcción de los personajes depende directamente de lo expuesto en la teoría psicoanalítica sobre las tres instancias que componen la psique humana: Sabina con un Ello incapaz de reconciliarse con su Yo, la lucha del enorme y represor SuperYó del Dr. Jung con un Ello en aumento y Freud, curiosamente, como el perfecto equilibrio de las tres instancias. Por ello, acaban resultando personajes planos, dominados por pulsiones primitivas o represiones morales. El más claro ejemplo es el  personaje de Vincent Cassel cuya única función es espolear los deseos reprimidos del Dr. Jung. Es ni más ni menos que su Ello en persona. Esta traslación del tema a la trama es lo más interesante que encuentro y sin embargo, no me acaba de convencer en Cronenberg, pues yo esperaba algo visceral y no intelectual.

Caca, culo, pedo, pis, jeje, jejejejeje.

Pelléas et Mélisande de Debussy

Ayer fui al Teatro Real a ver Pelléas et Mélisande una ópera de Debussy, dirigida por Robert Wilson. Lo que más me sorprendió (según criterio de una ignorante de la ópera) fue el texto, tanto en contenido como en la declamación, pues no era otra cosa más que declamación. El texto en francés estaba traducido por unos subtítulos que daba mucha pereza leer por no apartar la vista de lo que ocurría en escena. Debussy decía que la música empieza donde la palabra es impotente para expresar, ¡y vaya si eran impotentes para expresar esos carteles luminosos! Pero ya lo dice Julia Kristeva en el libreto, esa “palabra inútil” compuesta por frases discretas y personales, que fue aportada por Maeterlink, autor del texto dramático, se fusiona perfectamente con la música cautiva de lo sensible de Debussy, y nadie mejor que Robert Wilson con sus minimalistas pero impresionantes escenografías y su sobria puesta en escena para completar el trabajo.

Gracias a Dios que Debussy no hizo caso al por entonces subsecretario de Estado de Bellas Artes, quien exigió que se suprimiera la escena cuarta del acto tercero, en la que Golaud obliga a Yniold, niño de unos diez años e hijo de su primer matrimonio, a que espíe a su tío Pelléas y a su madrastra Mélisande. Esta escena, la última antes de la pausa, fue la más emocionante y tensa de toda la obra, que en general se desarrollaba con lentitud, tanto en los movimientos de los actores, como en el transcurso de los acontecimientos. Sin embargo, en poco menos de diez minutos -la obra dura 2h 45m- sin abusar del aspaviento y con un fuera de campo maravilloso que expande el espacio del teatro real al infinito nos deja la miel en los labios para la pausa, y con demasiadas expectativas para los dos últimos actos.

De casualidades va la cosa: Al llegar a casa me he encontrado en La 2, un reportaje en Programa de Mano sobre Pelléas et Melisande, y acto seguido (nunca mejor dicho) mi antigua profesora de prácticas, Laia Falcón, cantando a Kurt Weill, quien a su vez puso la música a la ópera de Bertolt Brecht Die Dreigroschenoper, que por vueltas del destino tuve la fortuna de ver en la legendaria Berliner Ensemble (Berlín) dirigida también -y aquí se cierra el círculo- por Robert Wilson.

Y aún así me aburrí. ¿Quién se va a parar a leer unos diálogos cuya esencia es la banalidad? Más me hubiera valido mirar al precioso escenario y a los actores y escuchar la música.

“Cuando no se consagran en cuerpo y alma las revoluciones como en el XVIII, los fines de siglo se entregan a los estados amorosos (como en el XIX y, la prueba, en el nuestro, el XX). ¿Por qué? Quizá haya que ver en ello dos modos distintos de afrontar lo que, no sin algún regusto goloso, suele llamarse la “crisis”: el uno, más optimista, aspira a cambiar los vínculos sociales; el otro, más desengañado, se curva hacia los adentros y privilegia el encuentro, el instante.”

                                                                                   Julia Kristeva

Delirios de grandeza

En el libro Lacrimae Rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, Slavoj Žižek reflexiona sobre  los problemas de Christa T., la protagonista de la novela de Christa Wolf Noticias sobre Christa T.. Esta novela narra la vida de Christa desde el Gymnasium hasta su muerte con 36 años. Cada una de sus decisiones y peripecias son un nuevo y fallido intento de dar sentido a su vida y a su trabajo, llegando a contemplar el suicidio. Su fracaso es resultado necesario de la excesiva afirmación de su subjetividad, de la búsqueda infructuosa de una auténtica realización personal. Según esta lectura Žižek ve a Christa T. como la última de una larga serie de héroes y heroínas de la novela europea moderna, empezando por Don Quijote, pasando por Julien Sorel y Madame Bovary, hasta Joseph K., todos ellos víctimas no de unas circunstancias sociales opresoras, sino más bien de su propia obsesión subjetivista, de su negativa a aceptar la vida tal como es, más allá de los grandiosos proyectos metafísicos que pretenden imponerle. 

Hoy en día también hay ilusos que teniendo todo excepto talento no renuncian a aspirar a grandes logros. Y se dan de bruces, primero con una situación social que no les favorece y segundo con esa excesiva afirmación de la subjetividad, que no es sino el fracaso en el pleno reconocimiento de la propia identidad. Daniel Johnston se reconocía como un maniaco depresivo con delirios de grandeza, lo que compensaba con su desbordante e inimitable talento para la música. Uno se puede permitir muchas cosas siendo Daniel Johnston, delirios de grandeza o lo que quiera. Y si no, baste de ejemplo el documental The Devil and Daniel Johnston, conmovedor testimonio de sus infinitas tropelías. Pero qué les queda a pobres diablos como Christa T., imposibles de saciar con la realidad, cuya vida cotidiana siempre les resultará anodina. La enfermedad de los jóvenes, la depresión, no es sino reflejo de esta incapacidad de dotarse a sí mismo de una identidad sociocultural y reconocerse en ella. Encontrar su sitio, que se suele decir. Quizá por eso el Arte, como estancia abstracta, es un lugar privilegiado para la configuración de la subjetividad y sirve a menudo de refugio para estos seres vulnerables.


Noticias sobre Christa T. pertenece a la corriente del Ankunftsroman, que sería la versión socialista de la antigua tradición alemana de la Bildungsroman. La novela de la “entrada en la nueva realidad (socialista)”, en la que un grupo de jóvenes alemanes del este aprende a abandonar sus expectativas excesivamente románticas y a aceptar la realidad de la RDA como espacio para su propia realización. En este caso concreto, el problema  de Christa T. es aceptarse a sí misma como espacio para su realización. Quizá la dificultad sea aceptar que la realización no depende de factores exteriores (sean más o menos favorecedores) sino de uno mismo, de la propia identidad y de la elección ética acometida. 


Y yo todo el día a cuestas con mis expectativas románticas. Sinceramente, estoy hasta el chichi de la subjetividad.

Un adolescente aburrido



Un adolescente aburrido
es, ciertamente, un paisaje
muy triste,
y aún más
sabiendo que hay mujeres
que duermen
con la boca abierta
y docenas de parejas
que hacen el amor
en chino, francés, árabe
o en el idioma
de los delfines.
Por eso hay tantas butacas
en los cines
y tantas camas en las casas. 



Y es que la inteligencia
es erótica
y el arte perfecto
el orgasmo.



Félix Francisco Casanova



A pesar de que Félix Francisco Casanova (joven poeta olvidado por todas las bibliotecas y librerías que hasta ahora he ido consultando) diga que un adolescente aburrido es un paisaje muy triste debido a su falta de sexo y mujeres me interesan más las ideas de Andy Warhol respecto a la adolescencia y el sexo.

Durante la adolescencia empiezas a ser consciente de las oportunidades que se abren ante ti. Las primeras elecciones que has de hacer respecto tu futuro, primeras salidas de fiesta, primeras borracheras, primeros acercamientos al sexo… comienza poco a poco tu autonomía, aunque a menudo no económica (que se retrasa mucho más allá de haber superado la adolescencia), sí intelectual. Y comienzan las fantasías sobre el futuro y sobre el SEXO. En mayúsculas. Y en negrita y subrayada: SEXO. Respecto a ellas Warhol opina que son la mejor parte y más entretenida del sexo. También Woody Allen decía que el tiempo pasa rápido cuando eres joven y te masturbas. Warhol propone descubrir el sexo a los cuarenta y pasarlo en grande imaginando durante cuarenta años, porque es mucho más interesante en el cine y entre las páginas que en la realidad.

Sin embargo, lo que me resulta más interesante de lo que dice Andy Warhol, lo toma de una idea de Truman Capote, quien opina que determinados comportamientos sexuales conllevan nostalgia. El sexo es nostalgia de cuando lo deseabas, a veces. El sexo es nostalgia del sexo. Me pregunto cuántos jóvenes aún tienen sexo sin que les apetezca especialmente (lo cual no es tan difícil como parece), sólo por complacer al adolescente que llevaron dentro. Aquel que tanto se entretuvo, o se aburrió, según Casanova, repasando mentalmente mil y un formas imaginadas de sexo.

Warhol idealiza una época pasada, en contraste con un presente no demasiado seductor. Pero ¿no es acaso eso la nostalgia? Recordar tiempos que en su momento fueron malos, como excitantes y llenos de ilusión. La nostalgia es un arma de doble filo, una engañifa. Por eso yo me quedo con el futuro, con las fantasías previas a cualquier acontecimiento, los proyectos y los planes imposibles. Supongo que afirmo esto cegada por la nostalgia de la primera juventud, nostalgia de cuando imaginaba el futuro, o sea el presente. Y a Warhol le pasa lo mismo. ¿Pero por qué sentir nostalgia pudiendo sentir expectación? ¿Por qué tener nostalgia de un pasado en el que imaginaba mi presente? Warhol (y Astrud) tenía razón, el mejor momento de las cosas es cuando aún no han sucedido, a pesar de lo que me digan todos los adolescentes vírgenes del mundo. 

Mount Eerie

 ¡The Microphones vienen a Madrid a final de Noviembre! No, en realidad viene Mount Eerie, pero da igual porque son el mismo señor: Phil Elverum, que además de músico es fotógrafo. En su web se pueden encontrar algunas de las cervatillescas fotos que hace y que publicó en el libro Mount Eerie pts. 6 & 7, junto a muchas más.

Deberíais ir al concierto, yo voy.

La nostalgia

“Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, mas irresistible es la voz que nos incita al regreso. Esta sentencia puede parecer un lugar común, sin embargo es falsa. El ser humano envejece, el final se acerca, cada instante pasa a ser más apreciado, ya no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgia, esta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud, cuando el volumen de la vida pasada es todavía insignificante.”

Milan kundera.

Entonces yo debo estar en la primera juventud.