Es muy difícil ser punk, pero ellos lo consiguieron

Es muy difícil guardar coherencia en todos nuestros actos, por eso es muy difícil ser punk. Sin embargo, estos chicos sabían lo que se hacían. Consiguieron lo que nadie había conseguido y que aún les cuesta un mundo a los diseñadores gráficos. Desde Sniffin’ Glue, Panache, pasando por Punk Chainsaw, demuestran coherencia con sus ideales en cada uno de los procesos y decisiones que envuelven la edición de una publicación. Gracias a este saber hacer nació el fanzine, esa publicación autoeditada, herramienta de los marginales -aquellos cuyas aficiones, ideas o intereses culturales se encuentran en los márgenes de la cultura mainstream- para relacionarse, compartir y ampliar sus redes. El fanzine, ahora es objeto de culto envuelto en nostalgia, debido a que internet ya da cabida y espacio de encuentro a todos los gustos y aficiones habidos y por haber. En ocasiones, se ha convertido en una mera opción estética, un formato más; sin embargo, sigue manteniendo esa intención de mantenerse al margen, empezar de cero, empezar limpio, decidir por uno mismo, adaptarnos a nuestro mensaje, hacer lo que nos venga en gana con cada palabra, cada cuartilla, rotulador, revista, o periódico, y sobre todo, con las tijeras y el pegamento. Sobre todo, libertad.

En este artículo que escribí para la universidad, podéis leer cómo se llevó a cabo este proceso de adaptación del medio al mensaje, qué hay detrás de cada aspecto y decisión técnica o estética, porque ninguna es aleatoria y en resumen, cómo surgieron los fanzines punk tal y como los conocemos (o recordamos).